sábado, 26 de febrero de 2011

Vudú Dominicano

Publicado por La Pasión Cultural 29 de agosto de 2009
Apuntes sobre el origen y práctica del Vudú Dominicano
por Giovanny Cruz.


“El vudú puede entenderse como una compleja y mística visión del mundo en la cual el hombre, la naturaleza y lo invisible están íntimamente ligados. No existe separación ninguna entre lo profano y lo sagrado, entre lo material y lo espiritual.” (Carlos Andújar.)


Comenzando.
Desde hace unos cuantos años investigadores locales e internacionales han puesto el ojo en el llamado Vudú Dominicano. Como esta tendencia empezó hace relativamente poco tiempo (Década de los 70.), es lógico pensar que todavía desconocemos mucho sobre el tema, hasta hace unos años tabú entre nosotros; a pesar de los serios, aunque escasos, esfuerzos que se realizaban para tratar de comprender el origen y ritualidad del Vudú (o Vodú.) que se practica en nuestra mitad de isla. Repasemos un poco sobre él, que ya es un elemento integral en la variada cultura nacional.

¿Quiénes iniciaron el asunto?

Estas creencias religiosas nos llegan con los esclavos africanos que trajeron los colonizadores, cuando nuestros indígenas (taínos, macorices-ciguayos y caribes.) habían sido diezmados por el desgaste físico ocasionado y las enfermedades contraídas.

Importantes y capaces investigadores del tema aún sostienen que el Vudú de aquí nos llega de Haití. El suscrito no comparte esa opinión, aunque provienen de plumas emblemáticas en la investigación del tema que nos ocupa y de referentes obligados para aquellos que estudiamos el fenómeno cultural.
Los esclavos que vinieron a la isla desde el África llegaron a la Colonia con sus carnes, con sus huesos, con sus cabellos, con sus culturas y, desde luego; con sus creencias.

Dado el carácter de su religión, no es aceptable que los primeros esclavos africanos abandonarían, por efecto de algún mandato, sus prácticas y creencias. La cultura es uno de los atributos humanos más arraigado en los profundos laberintos interiores.

Sabemos que las creencias que trajeron los negros africanos al Caribe eran antiguas, complejas, completas y dotadas de una mitología y de ritos ancestrales, muchos de las cuales se desconocen hoy en día.

¿De dónde vinieron?

El inmenso territorio yoruba del África fue la cantera que utilizaron los europeos para atrapar los esclavos que traerían a América. Específicamente se cita una amplia región, de unas dos mil millas, como suplidora de esclavos: La Alta Guinea.

Esta se extiende desde Gambia hasta la bahía de Biafra. En esa extensión territorial se sitúan cuatro famosas costas que fueron las principales fuentes de esclavos para las Colonias del continente americano: Las Costa de la Pimienta, Costa de Marfil, Costa de Oro (De ahí provenían los esclavos más preciados.) y Costa de Esclavos (La más prolífica proveedora.)

En la Costa de los Esclavos se habían formado varios reinos. El más importante de estos fue el de Dahomey, cuyo monarca lo convirtió en poco tiempo en el suplidor de esclavos negros más importe para los europeos colonizadores. Antológicas eran las saña y la violencia que empleaba el monarca de Dahomey para capturar a los esclavos.

Para el 1708 (Según las publicadas investigaciones de Carlos Esteban Deive.) Dahomey, luego de conquistar otros reinos, se había convertido en un poderoso y próspero estado cuyo rey era Agadja.

¿Quiénes finalmente llegaron?

Aquí vinieron desde el Dahomey esclavos jelofes, minas, carabelies, aradaces (fundadores de las cofradías de San Cosme y Damián.), zapes (fundadores de la cofradía de María Magdalena.), biafaras, mandingas y bantú. (los gentilicios Lemba y Ambo corresponden a esta tribu.) Pues ocurre que todos ellos, insisto, trajeron sus creencias y las practicaron antes del alzamiento iniciado en 1522 por los jelofes.

Ciertamente la práctica prolifera y se organiza mejor en el territorio libre de los negros sublevados. En la libertad conquistada ellos no tenían trabas para recuperar los elementos culturales reprimidos por españoles colonizadores.

Debemos, empero, admitir que durante la ocupación haitiana del 1822 al 1844, proliferaron en nuestra mitad de isla los signos culturales de los negros conquistadores. Su cultura, creencias, mitos y ritos se practicaban entonces desde la óptica del conquistador. Resulta lógico deducir que sus prácticas y creencias religiosas influenciaron a las nuestras, sobre todo en las zonas rurales y en aquellos enclaves donde la negritud tenía mayor presencia. (Ingenios y bateyes.)

Práctica y sincretismo.

Desde que el esclavo negro se estableció físicamente en la isla, desde que pisó suelo caribeño, desde que lo tiraron como basura en el primer calabozo español, desde que pudo dormir en un hamaca o entre pajas arrinconas; comenzó a invocar a sus deidades o espíritus protectores (Vodus).

Cuando los colonizadores, con justificaciones católicas para sus actos, notaron que los “salvajes” africanos estaban adorando a sus dioses de origen, se alarmaron por el “atrasado paganismo” de la politeísta y animista que llegó informalmente con los esclavos. La prohibieron. Imaginamos que hubo muchos conatos de resistencias, porque las creencias, sabemos por los estudiosos de la compleja mente humana, siempre se introducen en los más intrincados laberintos de la psiquis.

Desde luego que los españoles impusieron sus “civilizadas” creencias cristianas. Por lo menos, confiaron haberlo hecho. Los negros africanos comenzaron a adorar “formalmente” al Dios de los cristianos, a sus arcángeles, a sus ángeles, santas, vírgenes y querubines.

Sin embargo, aunque fingían adorar, por ahí por la región de Villa Mella, a las deidades europeas, en sus mentes quienes seguían fijas eran las africanas. Ellas estaban posicionadas hasta en las cadenas de sus respectivos ADN. Desarraigarlos, entonces, era imposible.

Por eso cuando aseguraban aclamar a San Miguel, realmente a quien invocaban era a Belié Belcán Toné. Cuando pedían la protección de San Santiago, ellos estaban buscando el amparo del gran guerrero Ogún Balendyó. Cuando las negras solicitaban a La Dolorosa que mitigara sus lágrimas, se estaban comunicando con Metresilí Dantó Pié. Cuando pedían a San Carlos Borromeo que hiciera un milagro y curara sus heridas, a quien realmente estaban reclamando ayuda era a Candelo Cedifé. Cuando se requirió ayuda “divina” para dejar salir todo su erotismo inventaron a Anaísa, aunque dijeron que era Santa Ana (¿Santa Luisa o La Magdalena?). Cuando necesitaron un eco y hacerse invisible entre los árboles recurrieron a la Gunguna. Con esta tuvieron que recurrir a una sana inexistente para el sincretismo: Santa Martha la negra.


¡El sincretismo!

Ahí, en medio de su dolor, en medio de la cultura negada, en el centro de la religión prohibida, por sobre el bozal que pusieron a dos de las culturas que confluían en la isla, bajo las miradas inquisidoras de los inquisidores españoles, nació el sincretismo mágico-religioso.

Tengo que precisar que no fue una simple suplantación de identidades lo que se produjo. No. Fue un estudio de correspondencias entre las deidades de las tres culturas que estaban confluyendo en el Caribe.

Los africanos, menos salvajes de lo que se creía, buscaron y encontraron las semejanzas de los santos católicos con sus dioses tutelares. Ilustro con el ejemplo: Cuando San Miguel se tira del caballo a combatir a Satán (según el mito bíblico.) comienza a cojear producto de una mala pisada, o herido por demonio en el combate. Pues Belié Belcán cojea también porque es una deidad africana que tiene los pies con forma de macho cabrio. Una especie de sátiro griego. ¿Asombrados?

Pero el sincretismo mágico-religioso fue todavía mucho más que eso. La mezcla tuvo elementos de doble vía. La historia mítica y mística cristiana era demasiada atractiva y fantástica para ser desaprovecha por los africanos. Por eso incorporaron a sus rituales y creencias mucho de la liturgia católica, lo que hizo al sincretismo más rico y variado; aunque supusiera una “contaminación” religiosa.

Las plegarias católicas hoy son parte integral del gran ritual de Vudú criollo (o de la “religiosidad popular” como prefiere llamarlo Dagoberto Tejada.), que ha organizado toda una ritualidad para manipular entidades o misterios y de la cual son responsables los servidores de misterios, los Hunganes y las Mambosas.

Primera nota nominal:
Cuando una entidad, espíritu o “misterio” del Vudú o Vodú es mujer se llama Metresa. Cuando es hombre se llama Luá. Los términos Hungan y Mambó corresponden a oficiantes avanzados dentro de la religiosidad popular. Son autoridades, dignatarios o maestros de la ritualidad. Esta organización es mucho mejor en Hatí que en el territorio dominicano, que apenas se da en un círculo cerrado y celosamente guardado.
Un Gran Hungan es el Jefe de Jefes. Casi siempre se trata de una gran personalidad del país cuyo desarrollo espiritual le ha dado la Jerarquía Suprema. Gran Mambó es cuando esa Autoridad Suprema es mujer. Estos dos títulos en nuestro país lo han ocupado personas de un alto nivel intelectual o espiritual en lo que llaman el Vudú culto. Sus nombres son celosamente guardados por quienes pertenecen al gran tinglado del Vudú. Solamente unos cuantos iniciados los conocen y pueden hablar de ellos, aunque siempre en privado. Se supone que sus nombramientos les llegan directamente del Jefe de la División Legbá: Papá Legbá Manosé, pero como tantas cosas dentro del Vudú... esto es un misterio. Tanto que muchos buenos investigadores no han podido penetrar en estas jerarquías.

¿Y de los Taínos qué?


Tampoco ahí discriminaron los africanos. Muchas de la religiosidad taína ha sido incorporada al Vudú que aquí se practica. Más aún: existe en el Vudú nuestro toda una División India que requiere, por su gran espiritualidad, de gente especial para invocarlos. En esta División ni los luases y metresas más libertinos, cuando les permiten “indienarse”, pueden equivocarse con los miembros. Igual que nuestros taínos y su dios Yocahú Bagua Maórocoti, la División India es sana, bondadosa y pacífica; pero... que nadie provoque a sus integrantes.

Segunda nota nominal:
Los servidores de luases y metresas nacen con los atributos especiales para serlos. Cuando comienzan a presentar los “síntomas” es porque las entidades o misterios “tocan” en sus cerebros. Pero esos cerebros están lobos, porque aún no ha recibido el “bautismo de misterios”. Éste es todo un ceremonial vistoso y complejo: Luego de la persona ser entrenada durante años para poder recibir a los misterios, un día invocan luases y metresas de todas las Divisiones. Cientos de entidades pasan por el cerebro que está siendo bautizado; empero, solamente una de éstas se quedará como regente o padrino de ese servidor o servidora de misterios. Ese caballo de misterio (La entidad es quien lo monta.) podrá ser poseído por diferentes entidades; pero su bayí (templo o altar de Vudú.) está dedicado, especialmente, a la entidad protectora del servidor.
Todos los servidores tienen un especie de asistente (La-Plaza) que está encargado de darle los primeros “jalones” a los misterios y proporcionar al servidor ayuda durante la invocación y la posesión.

¿21 Divisiones? ¿Qué es eso?

El Vudú Dominicano está organizado de manera similar a un gran Estado o Nación. Las famosas 21 Divisiones son precisamente organizaciones o “reinos” de la Nación Vudú. Servirle es una gran compromiso de oficiantes experimentados.

Algunos investigadores e iniciados creen que son 21 Divisiones porque del África llegan gente, supuestamente, de 21 territorios (o potencias.) diferentes. Aunque resulta atractivo el dato, no hay comprobaciones irrefutables de él. Además, por los menos dos de las 21 Divisiones no llegó del continente africano: la División India y la Petró.

Tercera nota nominal:
Aunque los luases y metresas pueden entrar o montarse en sus servidores cuando plazcan, generalmente se hace un pacto con ellos para que sólo intervengan el cuerpo del médium cuando sean invocados. Igual se ha pactado para que la entidad respete la moral y educación particular de los servidores de misterios. Así se evita (Ilustro con el ejemplo.) que una Anaísa Dantó Pié (En su punto Radá, que es su punto más cercano a Afrodita.) haga que un servidor (mujer u hombre) realice acciones que dicho servidor no pueda o quiera hacer. Por este privilegio las entidades han quitado a sus servidores el poder recordar lo que ha pasado una vez concluido el poseso. El misterio puede, por disímiles causas, anular lo pactado para siempre o temporalmente.

Divisiones más conocidas. Jefes y Características.

1- División Legbá:
Son los ancianos del panteón Vudú, como el consejo de Areópago griego o como los ancianos yorubas, que obligaban a sus gobernantes a suicidarse para darle oportunidad al sucesor.
Su Jefe es Papá Legbá Manosé, se sincretiza en San Antonio Abad (Algunos creen que es en San Pedro). Ellos actúan como regente o guardianes de todo el Panteón. Sus mandatos son absolutos e inapelables. La tradición cuenta que cuando Bon Dié se cansó (El Dios cristiano descansó el séptimo día.) le entregó el mundo a Papá Legbá para que lo rigiera hasta que él regresara algún día. Papá Legbá, entonces, llamó a Ogún Balendyó (herrero de ocupación.) para que este organizara el ejercito del Vudú.
Pertenecen a esta División; entre otros; Legbá Atibón, Legbá Carfú (San Antonio el Ermitaño.), Macuté y Gramisí.


2- División del Fuego:
El Jefe es Ogún Balendyó. Militar austero. Funciona como especie de Ministro de las Fuerzas Armadas. Le dicen el Cónsul, porque supuestamente ayuda a conseguir visas. Cuando es llamado a consultar por los Legbás debe abandonar su lanza y pertrechos militares e ir donde ellos despojado de mandos bélicos. Algo similar a lo que hacían los imperatores romanos cuando re-cruzaban el Rubicón para ponerse a disposición del Congreso.
Ogún viste de azul, fuma, bebe y monta un caballo blanco. Se sincretiza en San Santiago Apóstol. Se tiende a decir que esta es la División Ogún. No existe tal. Lo que ocurre es que en esta División hay varios ogunes: Ogún Badagrí (San Jorge.), Ogún Batalá, Ogún Fegallo, Ogún Negué (San Martín.), Ogún Panamá (San Wenceslao.) y Ogún Ansú. Pero también hay miles de entidades allí que no son ogunes.

3- División Radá, División del Aire o Blanca:
El Jefe es Pié Pier Basicó, se sincretiza en San Pedro. A ella pertenecen Belié Belcán Toné (Se sincretiza en San Miguel. Esposo de Anaísa. Viste de verde con rojo), Anaísa (Se sincretiza en Santa Ana o en Santa Luisa, algunos dicen que en María Magdalena. Es puro erotismo y viste de amarillo. Se asegura que es amante clandestina de Candelo.), Candelo Cedifé (Se sincretiza en San Carlos Borromeo. Dueño de los bares y las peleas de gallos. Viste completamente de rojo. Buen curandero. Hay toda una confradía de Candelos.), Metresilí Dantó Pié (La gran dama de vudú. No bebe alcohol, protege el matrimonio, es esposa de Ogún Balendyó. Viste de blanco y rosado. Se sincretiza en La Dolorosa.), Damballah (San Patricio.), Cusen Bacá, Asaá, Linglesú; entre otros.

4- División India.
El Jefe es Samaó o Gamaó. Es una División, como escribimos antes, sumamente espiritual. No ingieren alcohol. Básicamente toman agua de coco. En todos los altares o Bayí organizado hay una tina dedicada a los Indios. Ellos, desde que suben a cabeza del servidor o servidora, se bañan en esa tina y hablan una jerga que realmente se parece mucho a lo que conocemos del idioma taíno. Muchos piensan que cuando Anaísa sube a cabeza de manera espiritual lo hace dentro de un mal llamado Punto madre. No existe tal. Ella lo hace dentro de la División India, en la cual hasta a esa Afrodita caribeña le exigen pudor. Integran esta División: Agalla Dulce, Tinyó Alaué (San Rafael.), Caonabo, Cayacoa, Enriquillo, Guaroa, Mencia, Hacuaí Dantó, Tamayo, Carmelina Dansolei; entre otros.

5- División Guedé:
El Jefe es el Barón Samedí. Se sincretiza en San Elías del Monte Carmelo. Esta es la División de los “muertos”.
Su recinto o palacio esta situado en la primera tumba del primer muerto de los cementerios. Los guedeses están dentro de la barriga del Barón y sólo salen de allí cuando son invocados. Los guedeses son procaces, pendencieros, jugadores, comen picantes, beben mucha ginebra, visten de negro y se pintan las caras con cenizas. Ellos aseguran que los blancos (Los radases) viven prometiendo cosas para que ellos (Los guedeses) las consigan.
Si la primera tumba de un cementerio corresponde a una mujer entonces en ese camposanto rige Madame Brigitte, la esposa del Barón.
Pertenecen a esta División: Limbó (San Expedito), Barón Sandí (San Gerardo.), Lacuá, Carfú, Zumbí, Gedelía, Lacuá, Luis Guedé; entre otros.

6- División Petró:
El Jefe divisional es Gran Buá Yilet. Viste de marrón y se sincretiza en San Cristóbal. Esta División es puramente dominicana. No existe algo parecido o equivalente en el panteón del Vudú Haitiano. Esta División está muy asociada a los ritos de sangre. No es de extrañar que cuando un luá Petró está en cabeza tome sangre de pollo u otro animal. Hasta la sangre del propio servidor es tomada por el luá frecuentemente. Para ello cortan la piel de los antebrazos con una navaja de afeitar o comen vidrio.
Los petroses acostumbran a realizar fiestas ceremoniales entre las selvas tupidas. Dentro del ritual realizado se incluye el cavar un gran hoyo en la tierra donde varios servidores poseídos por entidades se entierran durante varios días. Generalmente estas fiestas tienen mucho de salvaje.

A pocos servidores les agrada, por la violencia ejercida, subir a a cabeza a un misterio Petró. Esta División se inició en Barahona con un renegado sacerdote colonial que llegó a ser Hungan de Vudú. Acostumbraba a efectuar un rito en el cual se danzaba hasta el cansancio y se bebía alcohol profusamente ligándolo con pólvora. Cuando los participantes ingerían aquella mezcla, se cuenta, botaban sangre por los poros y luego las tomaban para no perderla.
El Petró más famoso es el Gran Toró (Se sincretiza en el Jesús de la Buena Esperanza). También forman parte de los petroses: Jean Fegó Pié (Se sincretiza en Ponce de León), Criminal y Tiyán Petró. Todos estos sólo pueden ser invocados dentro un ritual complejo y cautivante.

Cuarta nota nominal:
Los misterios son invocados mediante un ritual en el cual primero se pide la autorización de Bon Dié, de los Legbás y finalmente de las 21 Divisiones. Para todo esto se usa el llamado Jarro Divisional. Se trata de un recipiente (preferiblemente de cristal) con agua dentro, 21 cintas de múltiples colores en el asa y una vela encendida sobre ellas. El médium debe tocar madera con el puño, luego con el jarro y dejar caer un poco de agua al mismo tiempo que gira sobre si mismo. Igual hará con una campanilla. Se supone, a menos que este ocupado o molesto, que el luá o la metresa deben corresponder a este ritualístico llamado. El uso de los fulás (pañuelos con los colores exclusivos del luá o la metresa.) es imprescindible.

Otras Divisiones.
7- División Locó: El Jefe es Locó Sinaya, que se sincretiza en San Francisco de Asís. Viven en
los árboles.
8- División Simbí: El Jefe es Simbí Andersón. Se sincretiza en San Andrés
9- División Congó o Congo: El Jefe es Gamodí. No se sincretiza.
10- División Guiné: El Jefe es Aguiné Pier. No se sincretiza.
11- División Ñiñigó o Ninigó: El Jefe es Ramón Sandó. No se sincretiza.
12- División Caé: El Jefe es Caé Samá. No se sincretiza.
13- División Danguelé: El Jefe es Danguélé Quinamá. Se sincretiza en San Eustaquio.
14- División Shuqué: Shuqué Alangué. No se sincretiza.
15- División Marasá o de los Gemelos: El Jefe es Radisá Lamé. Los hermanos Marasá se
sincretizan en los santos Cosme y Damián.
16- División Piué: El Jefe es Lambá. No se sincretiza.
17- División Difemayó: El Jefe es Gamó. No se sincretiza.
18- División Petifoné: El Jefe es Sigó. No se sincretiza.
19- División Locamí: El Jefe es León Nicomé. No se sincretiza.
20- División Sombí: El Jefe es Pier Tiyán. No se sincretiza.
21- División Nagó: El Jefe es Olisá Bayí. Se sincretiza en San Enrique.

Vevés: Los símbolo mágicos.

Cada una de las Divisiones tiene símbolos gráficos propios: los Vevés (Sobre todo los guedeses). Son especies de escudos de arma de cada División o de los luases y metresas particulares. Cada Vevé encierra una simbólica secreta que, aunque muchos puedan reproducir su grafía, solamente unos cuantos iniciados conocen las historias verdaderas que se supone cada uno de los símbolos cuenta. Los practicantes del Vudú criollo afirman que los Vevés han sido creados, directamente, por los luases de las distintas Divisiones. En cada ritual de Vudú ellos están presentes.
Dada la gran organización de Vudú Hatiano, efectivamente los Vevés han llegado al nuestro desde aquel. Pero ya es cada día más frecuente ver estos símbolos en la práctica de nuestro vudú, como también hemos ido incorporando luases y metresas del llamado Vudú Haitiano. Tal es el caso del lMusié, para ilustrar con un ejemplo.

El Ga-gá: La comparsa de Cristo.

El término es una corrutela del vocablo Ra-rá, nombre el carnaval haitiano. Su actividad comienza en la Cuaresma que se inicia con el miércoles de ceniza. El ritual anuncia 40 días de ayuno y oración como preparación para la Semana Santa. La música en el Gagá se caracteriza por variaciones de tonos y ritmos producidos por un conjunto de instrumentos de origen africano: dos tambores, varios bambúes o fotutos (este nombre es taíno), una trompeta casera o tua-tuá, maracas, un caracol y pitos. Entre sus rituales, bailes y ceremonias están los de iniciación, sacrificio, protección, bautismo, bendición y purificación. La participación de sus integrantes se basa en compromisos que duran varios años.

“Su organización social es jerárquica y compleja. Entre los puestos más relevantes, además del dueño, el jefe espiritual y el presidente, están los mayores y las reinas; quienes danzan contagiosamente con gran destreza, llenando el espacio de energías y colores.” (June Rosenberg.)
La tradición nos cuenta que cuando crucificaban a Cristo entre los espectadores se encontraba una comparsa africana (Gagá.). Cuando sus integrantes vieron al Cristo sufrir tanto al ser torturado con una lanza, se la robaron para mitigar un poco el dolor. En agradecimiento a este gesto la única manifestación de Vudú que puede aparecer en Semana Santa es el Gagá. Durante ese período todos los altares o bayis son desmontados en señal de respeto a Jesús de Nazaret.

Conclusión.

La Gunguna
El Vudú se practica hoy en todo el territorio nacional. Varios de nuestros gobiernos, contrario a los de las otras islas caribeñas, y las distintas iglesias, han intentado suprimirlo radicalmente. Para esto han dictado órdenes de persecución, hecho leyes, concilios ecuménicos y adoctrinamiento. Pero nada de lo propuesto han conseguido con las anteriores medidas.

Hoy existe cierto nivel de tolerancia de parte de nuestras autoridades políticas, sociales, culturales y eclesiásticas que ven el fenómeno en su justo contexto cultural. La intelectualidad dominicana, y alguna foránea, han contribuido a ello. Investigadores como Patín Veloz, Carlos Esteban Deive, Dagoberto Tejeda, Carlos Andújar, Angela Davis, June Rosenbert, Ricardo Alegría, Marcio Velos Maggiolo. Geo Ripley y Luis Peguero; entre muchos otros, han jugado un papel estelar en la visión cultural que hoy se tiene del Vudú Dominicano.

Aún falta desentrañar más misterios, conceptos y preceptos del Vudú criollo. Todavía no podemos precisar, con indiscutido rigor, quiénes son realmente estas entidades: ¿Primitivismo ancestral que habita dentro de nosotros? ¿Una generación atrapada entre dos universos paralelos? ¿Acaso seres que encontraron una ventana abierta para transitar entre el mundo de los muertos y el de los vivos?

El Vudú está en nuestro pasado africano. Ahora es un presente que conquistó con astucia su propio espacio y que se proyecta, indefectiblemente, hacia el provenir eterno de nuestra mitad de isla... ¡Gracias a la misericordia!

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